jueves, 5 de junio de 2014

EL CUERPO DE GLORIA

Pastor Luis Reyes
DOS CLASES DE CUERPOS
Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento le otorgan un gran valor al cuerpo humano. En el Hebreo antiguo, se usaba para cuerpo el término “Basar”; y en el griego del Nuevo Testamento, “Soma”. En la teología del apóstol Pablo solo existen dos cuerpos. “Hay cuerpos celestiales y cuerpos terrenales” 1Co. 15:40. También les llama cuerpo animal y cuerpo espiritual. “Hay cuerpo animal, y cuerpo espiritual” 1Co. 15:44. Uno es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales (1Co. 15:40). Cuerpo corruptible y cuerpo incorruptible (1Co. 15:42).  Cuerpo de debilidad y cuerpo de gloria y poder (1Co. 15:43). Cuerpo de deshonra y cuerpo de gloria (1Co. 15:43). Al cuerpo de la vieja creación en Adán se le llama cuerpo terrenal, cuerpo animal, cuerpo corruptible, cuerpo de debilidad y cuerpo de deshonra. En tanto que, al cuerpo de la nueva creación de la resurrección en Cristo, se le llama: cuerpo celestial, cuerpo espiritual, cuerpo incorruptible y cuerpo de gloria y poder. Las dos clases de cuerpos son de una naturaleza completamente diferente: uno es débil y perecedero, y el otro glorioso y eterno.

Cristo tuvo un cuerpo físico y terrenal con las limitaciones de los humanos, ya que fue ciento por ciento hombre. En ese cuerpo fue crucificado en el Calvario, sufrió fuera de la puerta de Jerusalén. (Mc. 20:20-47; Heb. 13:11-12). En el libro de Hebreos dice: “sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo” (Heb. 10:5), El cuerpo de Jesús es el cuerpo de la ofrenda verdadera, el cuerpo del cordero de la expiación eterna. Cristo, al resucitar, inauguró el cuerpo de gloria, el cuerpo celestial, el cuerpo del mundo del mañana, el cual es el resultado del poder de Dios en su multiforme sabiduría y poder (1Co. 15:35-49).

RESURRECCIÓN DE JESÚS
La resurrección de Cristo y el testimonio de la resurrección de Jesús en los evangelios es evidente (Mt. 28:1-8; Mc. 16:1-8; Lc. 24:1-49 y Jn. 20, 21:21), y el testimonio de aquellos que le vieron. Lista de apariciones del Señor a sus discípulos; a Jacobo, su hermano y a Saulo de Tarso. En su impresivo a los corintios, el apóstol Pablo dice: “porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. Porque yo soy el mas pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.”  (1Co. 15:3-9). El apóstol afirma: Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. (1Co. 15:14, 17 y 20-21).

CARACTERÍSTICAS DEL CUERPO DE GLORIA
Jesús se levantó de la tumba con un cuerpo con las siguientes características: a) Capacidad de aparecer y desaparecer de cualquier lugar (el Sudario y los lienzos aparecieron en la tumba enrollados aparte, Jn. 20:6-7). b) Hacerse visible e invisible frente a testigos oculares. c) No necesita el sueño, ni alimentarse; no necesita descansar, tampoco necesita para transportarse ni vehículos modernos, ni animales como en la generación de Jesús. d) Es un cuerpo que no se enferma, ni envejece, ni se oxidan los órganos; no muere jamás, pues es un cuerpo preparado por Dios para vivir por toda la eternidad. e) Un cuerpo que se distingue de un espíritu, en que tiene carne y hueso, no menciona la sangre (Lc. 24:39). f) Es un cuerpo que no tiene necesidades fisiológicas como el cuerpo terrenal. g) No está ligado a la barrera del tiempo y el espacio. h) Se mueve con una libertad desconocida en este mundo. i) Aún a sus amigos más íntimos le cuesta reconocerlo.  j) Es bello y perfecto, tendrá capacidades ilimitadas desconocidas en este mundo. k) Está adaptado para la vida en el reino espiritual. Adaptado a las realidades de la era por venir. l) El cuerpo glorificado será nuestro verdadero cuerpo transformado, porque lo que se siembra es lo que resucitará (1Co. 15:35-38 y 44). m) Como espíritu vivificante, el Cristo resucitado es el origen de la nueva creación (1Co. 15:45). El cuerpo de Adán y el nuestro es la vieja creación “alma viviente” de (Gn. 2:7). n) El cuerpo de gloria de Jesús manejó actividades muy de la tierra con absoluta normalidad durante los 40 días que apareció a los discípulos. o) Comía, aparecía y desaparecía, hablaba con ellos, llegó a reprenderlos, partió el pan, etc. p) Veremos a Dios tal como él es, sin ser afectados por la potencia del resplandor de su gloria. Ya que en el cuerpo terrenal no hay quien le vea y viva (Ex. 33:20 y 1Jn 3:2).

EL CUERPO DE GLORIA

El cuerpo de gloria expresa el profundo sentido de la redención y el sublime plan de Dios con mira a la eternidad. No podemos ignorar el modo en que los evangelistas puntualizan la corporeidad del Cristo resucitado, sobre todo el apóstol Juan. Insisten que la Magdalena no lo conoció, lo confundió con el que cuidaba el jardín de la tumba (Jn. 20:15-16). Los discípulos lo vieron con asombro cuando apareció en su reunión: él tuvo que decirle que no era un fantasma, ni un espíritu (Lc. 24:39).

En el mar de Galilea, ellos no lo reconocían, hasta que por su palabra pescaron 153 peces (Jn. 21:1-14); tenia dominio sobre la naturaleza. Sin embargo, era el mismo Jesús de Nazaret, su maestro, que había comido, andado y servido a la gente con ellos. Su naturaleza parece tener algo de extranjería, sus discípulos cercanos no le reconocían aunque era el mismo Jesús, pero en la condición de exaltación “mediante la resurrección”. Cleofás y el otro hermano camino a Emaus tampoco le conocieron, sino cuando el partió el pan y dio gracias como solía hacerlo (Lc. 24:13-49). Se insiste que es el mismo, el de siempre, es el Señor. Conserva las heridas del cuerpo terrenal (Jn. 20:24-29). Le responde a Tomas que pidió tres cosas: 1. Ver en sus manos la señal de los clavos, 2. Meter su dedo en el lugar de los clavos, 3. Meter su mano en su costado para creer en su resurrección (Jn. 20:25). El apóstol incrédulo fue caminando a tocar sus heridas al ser reprendido por el Señor, quien se humilló y reconoció su señorío y divinidad (Jn. 20:28). En tanto, el Señor acreditó como bienaventurados a los que creen sin ver sus heridas (Jn.20:29).

Cristo habla de su pasado como algo que le pertenece, usa el lenguaje de siempre, parte el pan como siempre y gusta del pescado a la parilla como siempre (Jn. 21:8-14). Es, al mismo tiempo, tangible y transfigurado, pero con una gloria amainada. Durante 40 días aparece a sus discípulos y la alta erudición cree que por tal razón la glorificación se produjo en la ascensión, porque los discípulos no hubiesen resistido mirar el cuerpo de la resurrección en su esplendor de gloria.

Los apóstoles sabían que su presencia sobrenatural y majestuosa no era invento ni fantasía; tampoco era una simple presencia espiritual. Más adelante, los primeros cristianos experimentaron la presencia espiritual del Cristo exaltado en medio de ellos, distinto al Jesús histórico que conocieron los apóstoles y que narran los evangelios. El cuerpo de la resurrección del Hijo de Dios, implica una transformación de la vida completa. Vive mediante el poder de una vida indestructible, el cuerpo de gloria es más que resucitar, es más que volver a vivir, es más que no morir; el cuerpo de gloria es donde el propósito de Dios para el hombre redimido llega a su máxima expresión en Cristo.

El Señor ascendió a los cielos desde Betania (Lc. 24:50-51), con promesa de que regresará por su pueblo (Hch. 1:11). Una vez presentó la sangre al Padre para sellar la nueva alianza (Heb. 10:19). En el fulgor de majestad del cuerpo glorificado se sentó a la diestra de Dios (Heb. 1:1-3), y vendrá a regir las naciones con vara de hierro (Ap. 2:26-27). En el año 36 se manifestó con resplandor que sobrepasaba la luz del sol cuando apareció a Saulo de Tarso camino a Damasco (Hch. 26:13). En el 96 el Señor de gloria se manifestó al apóstol Juan en la isla de Patmos, quien declara:

“Yo estaba en el espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mi una gran voz como de trompeta, que decía: yo soy el alfa y la omega, el principio y el último… y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al hijo del hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenia en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Cuando le vi, caí como muerto a sus pies, y él puso su diestra sobre mí, diciendo: no temas; yo soy el primero y el último; y el que vino, y estuve muerto.; más he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amen. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.” (Ap. 1:10-18). La majestad, hermosura y presencia del Señor glorificado, como se manifestó a Juan en (Ap. Cap. 1), es absolutamente sublime y maravilloso. Es el soberano vencedor, Señor de las tres esferas, cielo, tierra e inframundo. (Fil. 2:8-11).

ESPERANZA DE LA IGLESIA EN EL CUERPO DE GLORIA
El cuerpo de gloria de Cristo también será el nuestro, porque como el Padre lo levantó de la tumba con el cuerpo de gloria, así resucitará a los justos que han dormido con el Señor (Jn. 5:28-29), y transformará a los que vivan el día del arrebatamiento (1Te. 4:16-17). Se unirán con el Señor en las nubes, los Santos del Antiguo Testamento, la iglesia triunfante y la iglesia militante. Será maravilloso, porque tendremos el cuerpo de gloria, a semejanza del cuerpo de gloria del Señor, que es el cuerpo con el cual viviremos por toda la eternidad. Se cumplirá, pues, lo que dice el profeta Daniel: “los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. “(Dn. 12:3)

REFLEXIÓN FINAL
Sigamos perseverando, continuemos siendo fieles, sirviendo al Señor y al prójimo de todo corazón. Porque Dios es serio, honesto y fiel. Por el nuevo pacto en Cristo Jesús, nos ha prometido su protección, cuidado y provisión para el mundo presente, y manifestar en la iglesia la mayor expresión de su propósito para con el hombre, vivir en su presencia por toda la eternidad en el cuerpo de gloria a la imagen de Cristo el vencedor. ¡Soberana esperanza para el creyente fiel. Aquellos que vagan lejos de Dios tienen la oportunidad de lavar sus pecados en la sangre santísima del Hijo de Dios, a fin de disfrutar su presencia en este mundo y el don inigualable de la vida eterna en el cuerpo de gloria. Gracia misericordia y paz de Dios.

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