lunes, 18 de agosto de 2014

MORAL? QUE ES ESO?

Pastor y Escritor Th. B. Samuel Que
En ningún momento lo instituido por Dios ha tenido la intención de que el hombre pueda tener la oportunidad de regularlo, cambiarlo o eliminarlo.

Levíticos 19: 1Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.

Nuestra sociedad hoy adolece de la falta de reglas morales. Si la iglesia no hace su trabajo de mostrar a un Dios moral e interesado en que su pueblo viva una vida moral correcta, literalmente nuestro mundo se irá perdiendo mucho más en el libertinaje, al grado que la maldad producto de la falta de moral, se hará común.

La moral es una orden que hay que ejercer en nuestros hijos a temprana edad. Es una orden a ejercer también en los nuevos cristianos. Es una orden que hay que ejercer en la formación del criterio de nuestras niñas y niños. Si permitimos que sean nuestros hijos los que determinen su moral cristiana en la edad de la niñez, ellos tomaran las decisiones equivocadas porque su mente no sabe distinguir, y mucho menos de las consecuencias.

Pero para poder formar una moral correcta, es necesario que nosotros los adultos, quienes hemos vivido bajo la protección de una moral regulada por la palabra de Dios, demos un buen ejemplo a aquellos que comienzas sus vidas.

La primera orden moral es un llamado a la santidad. Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios. Ahora tenemos que fijar nuestra mirada en el estándar tan alto que Dios estableció para cada una de las personas que Él llamaba a ser su pueblo.
         
No debemos ser nosotros los CRISTIANOS, quienes bajemos el estándar de la vida. El mundo no podrá conocer la diferencia entre quien es hijo de Dios y quien no, cuando la moral de esas personas no está acorde al estándar de la santidad requerida por Dios. En esta orden el estándar de la vida moral, es Dios.
         
Por esta razón, es que no podemos permitir que el estándar de nuestra vida moral, sea puesta por el mundo, por la cultura, por la moda, por Hollywood o incluso por algún tipo de pensamiento humanista de nuestro tiempo.

Es a partir de la instrucción Bíblica, que tenemos una referencia de hacia donde debemos dirigirnos en cuanto a una moral cristiana correcta.

La moral tiene sus beneficios. Levíticos 19: 3 Cada uno temerá a su madre y a su padre.

La combinación de una ley mal interpretada y una sociedad permisiva, ha sido el vehículo por el cual hemos llegado al momento en el cual los padres en primera instancia se han desatendido de los hijos, y donde nuestra sociedad civilizada se ha desatendido de los padres. Es demasiado triste el que los padres han faltado a su responsabilidad de ser el custodio de los hijos en los momentos que más los necesitan como lo es la niñez y la adolescencia. Y que por el alto índice de abandonos, es que los hijos sufren los abusos de otra persona que no simplemente no los quiere, sino que los utiliza para sus propios fines.

La pérdida de esta ordenanza Bíblica se ha convertido en el talón de Aquiles de nuestra sociedad. Por un lado la proliferación de las pandillas, drogas y sexo libre, y por otro lado la falta de un modelo que regule la vida de las personas en todos sus sentidos. La falta de este mandamiento ha hecho de nuestra sociedad, un mar de lágrimas.

Como iglesia de Dios ahora, nos toca restablecer el orden perdido, en el cual el hijo debe de estar sujeto a la voluntad del padre. Y el padre debe de entender hasta donde debe de ejercer esa autoridad, en cuanto a la edad de su hijo, para no llegar al momento en el cual  se irrite a los hijos al grado en el cual se empiece a perderlos, por la presión ejercida en ellos.

La fórmula de vida deberá de ser esta:
A menor edad, mayor presión o sumisión.
A mayor edad, menor presión o sumisión.

Nuestra sociedad a invertido el valor de esta norma, se quiere ejercer presión sobre los hijos cuando han crecido, porque cuando estaban chicos nos dimos a la tarea de consentirlos; al grado de mal criarlos, y hacerlos engreídos al grado que ahora son los padres los que le temen a los hijos.

Debemos de considerar de forma inmediata el llamado moral de Dios hacia la santidad. Si podemos levantar una generación basada en el respeto a los padres, habremos heredado a nuestros hijos y nuestros nietos; la moral que ellos podrán repetir, a raíz de que han gozado de los beneficios de haber vivido bajo el régimen de una moral correcta entregada por Dios.

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