jueves, 9 de octubre de 2014

LUCES Y SOMBRAS DEL “DĺA DE LA RAZA

Dr. Néstor Saviñón 
Cada doce de octubre, Europa y América tienen que rever su historia. Desde hace más de cinco siglos, ambos continentes se han influenciado y la historia no hubiese sido la misma sin la gesta colombina.

¿Quién hubiese pensado que ese genovés terco, que duró años  peregrinando por cortes, mendigando por financiamiento para ir a las Indias, cometiendo el mayor error de navegación de la historia, descubriría el hallazgo más increíble, que son las Américas?

Se debe reconocer que hubo algo de genial en la tozudez de Colón, en esa persistencia que tumbó el pulso de reyes y a pesar de la duda, a pesar del miedo, a pesar incluso de las amenazas de motín y muerte hechas por sus marineros, siguió confiando en su buena estrella. Y finalmente triunfó.

América recibe de Europa sus idiomas, parte de su cultura, su religión, la base de sus ritmos musicales y  le donó, a su vez, al viejo mundo alimentos, riquezas, y una visión del mundo muy especial, que marcó el pensamiento occidental: el hombre posee una dignidad inherente a su naturaleza, y ese concepto, base de los derechos humanos, fue construido por sacerdotes que presenciaron las condiciones de sometimiento y maltrato de los indios de La Española.

No podemos señalar que la relación entre los habitantes autóctonos y los exploradores europeos siempre se condujeron de manera civilizada y por los carriles del entendimiento mutuo.

Esclavitud, sangre, abusos, desprecio, fueron la norma durante siglos, pero muchos hombres y mujeres también construyeron canales de entendimiento  y lo que conocemos de muchas culturas se debe a aquellos europeos que sintieron tan suya las tierras de las indias occidentales, y valorizaron a esos indios como transmisores de saberes tan viejos como el hombre mismo.

Hoy día, América Latina es el continente de la esperanza, y la sede de una cultura vibrante donde se mezcla lo mejor del hidalgo español, del indígena y del esclavo africano, siendo la sede de personas alegres, generosas y buenas. Europa se alimenta de ese espíritu, y muchas veces emula a sus antiguas colonias, y recibe la migración americana, ya que son éstos quienes crean riquezas en un continente de envejecientes.

No existe un “Día de la Raza”. Esa es una nomenclatura basada en una visión eurocéntrica donde se vende a España como la evangelizadora y cultora de los salvajes, pero no es cierta. Existió un encuentro de dos mundos y dos cosmovisiones, que tras 522 años de idas, venidas, hermanamientos y desavenencias, no sabemos quién terminó imponiéndose realmente a quien.

Este 12 de octubre les invito a que reflexionemos sobre nuestra triple herencia y cómo llegamos a ser lo que somos, una raza cósmica, como lo definió Alfonso Reyes, donde todo lo buenos de cada grupo fue adquirido por nosotros, los descendientes materiales y espirituales de esos seres humanos.

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